Hoy domingo 25 de Julio se celebra la festividad de Santiago Apóstol, Patrón de España. Durante la Ofrenda Su Majestad el Rey de España ha pedido al Patrón que ilumine a nuestras autoridades y responsables políticos, económicos y sociales.
Me uno a esa petición Majestad, es más, le pido al patrón que los ilumine intensamente hasta dejarlos ciegos e incapacitados para llevara a cabo las funciones que desempeñan ya que la gran mayoría de ellos son unos inútiles e incompetentes, y se libran muy poquitos, (si es que alguno es digno de no ser “iluminado”)
Entre todos están consiguiendo llevar a una parte de la sociedad española al hartazgo más absoluto. Entre los escándalos de corrupción, transfugismo e incumplimiento de las promesas hechas, que afectan desde conservadores, liberales a nacionalistas, hasta ser responsables de inoperancia, parasitismo y cohecho más o menos evidente, van a conseguir que la ciudadanía pierda toda fe en el sistema democrático, y la esperanza en que el propio sistema sea capaz de depurar los errores que comete. Si llegamos a ese punto, que Dios se apiade de nuestras almas, pues entonces todo sería posible: Desde medidas extremas que reconduzcan el rumbo de colisión al que nos dirigimos, hasta que sea aprovechada la situación caótica para que cuatro energúmenos pretendan hacer realidad los más terroríficos sueños producto de mentes enfermas que quieren hacer posible lo que nunca se consiguió antes.
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Algunos dicen que la cosa no está tan mal, que lo que en realidad ocurre es que unos cuantos gustan de meter cizaña y agitar, pero no hay más que leer los titulares de la prensa, los titulares grandes y también los pequeños que cuentan las historias que por lo general pasan desapercibidas para el público, esas que no aparecen en los resúmenes de los telediarios por la criba selectiva de los redactores jefes. La intrahistoria también forma parte de la Historia del día a día. Sólo permaneciendo atentos a todos esos pequeños sucesos podemos comprender la realidad en su conjunto y no la batalla trascendente, masticada y regurgitada que nos sirven en el plato.
Santiago, ¿Por qué nos has abandonado?, le pregunto a nuestro patrón. Si pudiera contestar seguro diría que por venganza al haberle olvidado nosotros a él. Y aún siendo consciente de su más que dudosa hagiografia, de que en realidad pudiera tratarse de un episodio más del sincretismo cristiano, que su nombre y currículo haya sido usado con fines políticos, aún así, uno quiere creer en el Santiago peregrino y en el que cierra y une a España, más por icono o símbolo que por otra cosa. Tal vez por la inevitable necesidad humana de creer en algo, o porque sabedor de la imposibilidad de encontrar la virtud completa en el ser humano, es recomendable buscarla más allá.
La última vez que abracé al santo y le rogué algo le pedí que intercediese por nosotros ante la invasión silenciosa de la que nuestra ibérica península y sus islas estaban siendo objeto. Era un 10 de julio del año 2002, horas después, regresando de Compostela a Madrid, gendarmes marroquíes tomaban la isla Perejil. Desde entonces, y aunque su estampa sigue presidiendo un rincón destacado en mis aposentos junto a la Virgen del Pilar y San Pancracio, he preferido no pedirle nada. Pero hoy me uno a esa petición regia de “luz”, pero no en plan bombillita de ideas, sino más bien a lo grande, cual láser. Con un poco de suerte renaceremos de las cenizas cual ave Fénix, porque vamos a eso, vamos camino de convertirnos en cenizas guiados por una panda de incompetentes poltroneros carentes de la debida responsabilidad. Y en sus filas destaca uno en especial, aquel que los hechos han demostrado que daba igual que jurase o prometiera sobre la Constitución, acabará fumándosela cual canuto en un ritual indio, y pasándole el inmenso cigarrillo a sus compañeros de fumata, nacionalistas y etarras, mientras el Séptimo de Caballería pierde el tiempo dilucidando si debe o no debe ordenar una carga al trote por miedo a correr la suerte del General Custer en Little Bighorn.
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